Sueños de Sesostris

Esta es la historia de un barco que regaló su vida al mundo y decidió ser siempre grande. ​​

Lo bautizaron Sesostris como el faraón egipcio, porque ya desde su construcción mostraba su grandeza de espíritu. Desde muy joven fue muy trabajador, siempre listo, siempre de buen humor, siempre feliz de compartir y servir a diferentes Navegantes. Con sus mástiles parecía que llegaba al cielo, con sus calderas dejaba una hermosa estela de vapor al navegar. Muchos sueños se fraguaron en sus literas, en su borda, muchos sueños de futuro fueron trasladados en sus bodegas. Al llegar a puerto siempre lo recibían con honores, siempre le encantaba la alegría de las caras de aquellos que esperaban a su padre, a su hijo, a su hermano, a su esposo, los que esperaban a sus sueños que venían en las bodegas, y él siempre orgulloso sabía que una vez más los había llevado con bien a casa… Cada viaje toda una aventura, tenía el poder de surcar los océanos, de sobrevivir a los mares más fuertes, de llevar las cargas más preciadas a puerto seguro. Su última misión, llevar a América el ferrocarril! Y así se embarcó en medio de revuelos, en su país natal, en medio de algo que llamaban guerra, que no lograba entender…. Y ocurrió algo muy extraño, algo para lo que no estaba preparado, lo anclaron…., lo anclaron en un puerto tan pacífico que podía amarrarse con un cabello y no se movería más. Pasaron los días y pasaron los meses, y ya no sentía que era útil, ya no se divertía, ya no era feliz. Su tripulación ya no estaba con él, estaba solo, con parte de la carga, pero sin el reto de llegar a destino, sin la emoción de tener una nueva aventura. Aquí empieza para él una nueva vida, y aunque no lo podía ver al principio, una nueva aventura… pero dejaré que sea él quien se los cuente…Un tiempo después, un día, todo se tornó extraño, el capitán regresaba a mis entrañas, a mis pasillos, pero no era el hombre feliz de siempre, parecía tener una misión, pero no la misión de siempre, una misión que lo tenía nervioso, que lo tenía triste, que no gustaba de su objetivo. Lo vi entrar en mis talleres y dejar caer un líquido extraño, un combustible, y de pronto un calor inusual se sentía en mi interior, las llamas invadieron mis salones y no lo podía entender, me consumía. Se escuchaban gritos, gente tratando de apagarme, mi cuerpo hacía ruidos extraños, crujía, y muchas horas pasaron, en las que el fuego destruía mis entrañas…
Y amaneció, y muchos daños había en mi estructura, ya no había llamas, pero salía un humo gris de mí. De nuevo pasaron los días, hasta que decidieron moverme. No sabía cuál era mi destino, me movía, pero no era yo, no tenía fuerza, solo me dejaba llevar.
Y podía ver que me acercaban a una isla, una isla larga, con arena blanca, con manglares, pelícanos y gaviotas, que me miraban extrañados, asustados por lo cerca que estaba de la orilla.
Y allí echaron mis anclas, y allí empecé a hacer aguas. Estaba asustado, porque siempre me dijeron que debía flotar, que debía vivir sobre el agua, pero no dentro de ella, que naufragar era acabar, era el fin, que no habría nada después, que todo terminaba allí, pero no podía luchar, no tenía fuerza para luchar, solo podía esperar, no me podía resignar, no podía estar acabando, yo sentía que aún tenía mucho para dar…
Ya estoy bajo el agua… Pero yo sigo aquí… Se siente diferente, casi puedo sentir la mirada de los peces, me ven con curiosidad, se acercan a mí, pero me temen… Pasan los días, y no entiendo mucho, pero no se siente tan mal…
Los peces empiezan a perder el miedo, entran en mis pasillos, parecen acostumbrarse a mi presencia, parece que les gusta…
Mi cuerpo se va llenando de vida, y cada día que pasa son más y más y es cuando me doi cuenta que ya nunca estaré solo, que empezaba una nueva vida para mí, que sería importante de nuevo….. Sería ahora más importante…
Los días y años pasaron, y aprendí a vivir con los peces, sobre mi cuerpo nueva vida iba creciendo, familias y familias de corales llenaban ahora mis cubiertas, mis paredes, mis pasillos. Me poblaban langostas y servía de refugio a los más chicos, que usaban mis antiguas bodegas como aulas, donde aprendían a sobrevivir, donde sus rápidos movimientos aún me hacen cosquillas, se mueven tan rápido que rozan mi cuerpo continuamente, me llenan de vida… Comparten conmigo su infancia, en mis bodegas crecen y luego se van, a recorrer mundo, a otras aguas, donde el riesgo les espera, pero también las aventuras, aquellas que les recuerdan que están vivos y que el camino siempre vale la pena. Algunos volverán, ya con aire de seriedad y madurez en sus miradas, cargados de aventuras que contar, pero lo mejor, trayendo a mí una nueva generación, un nuevo ciclo de vida, futuros aventureros…
Pasaron los años y llegó un nuevo pez, uno que se veía un poco torpe en el agua, que no podía respirar como los otros, el animal más curioso que había conocido, pero espera…, no es tan desconocido, es aquel que surcó los mares a mi lado, y ha regresado! Viene nuevamente a verme. Está vez no busca mi carga, esta vez es curioso de la vida que albergo, esta vez siento su miedo de entrar donde solía sentirse a gusto, donde vivimos tantas cosas juntos, temeroso del misterio que ahora vive en mí…
Seguí creciendo en vida, ahora venían tortugas, meros, rayas, y me llené de langostas, que se acurrucaban en mis rincones, que formaban familias, qué orgullo podía sentir de nuevo, a ver cuántos necesitaban de mí… Me pinté de colores, de rojas paredes de pólipos, que avanzaban respetuosas, de corales que mostraban blancos terciopelos, de esponjas moradas y rosadas, de tantos colores que al observar de noche siempre sacaban una sonrisa a los grandes sábalos que se acercaban, para mostrarme el brillo de sus cuerpos cuando el reflejo de la luna brillaba en sus escamas.
Solo eran superados en belleza por la hermosa cabellera de los pámpanos que cruzan mis pasillos como novias caminando hacia el altar con enormes colas blancas, blancas como la luna.
Me voy haciendo viejo, pero me siento joven, y mis paredes se dejan vencer por las corrientes de agua que las cruzan una y otra vez, pero solo me hacen más interesante, solo hacen que sean más curiosos de mí, me convierto cada día en una aventura.
Llegó otra criatura, una extraña raza de valientes, cubiertos de negro y con extraños atuendos, que también eran curiosos, pero venían a ver mi interior, querían ver mis escuelas, conocer, contemplar… Pasearon por mis pasillos, llenaban mi cuerpo de burbujas, de pequeños oasis de aire que quedaban atrapados en mis esquinas, que reflejaban como espejos a los peces, y llenaron nuevamente de vida mi interior, acompañando a los chicos, compartiendo con los grandes, bailando al ritmo de las corrientes, como mis jardines de gorgonias y corales blandos defendiendo siempre la vida que habita en mí.
Entre sus manos traen algo nuevo para mí, y estoy curioso,… los observo, y veo que parecen llevarse partes de mí, pero no duele, traen consigo el reflejo de la luna aún a pleno día, y lo entiendo, me siento inmortal, siento que viajo fuera del agua para mostrar mi belleza en el exterior, para contar mi historia, esta historia que nació en un astillero y que aún hoy vive y da vida, que me hace pulmón del mundo, con mis arrecifes, que enseña vida al hombre, que da lección de no dejarse vencer, de nunca rendirse, de seguir viviendo aún en una nueva realidad, de adaptarse, de tener siempre sueños y despertar cada mañana con la ilusión de hacerlos realidad, de ver hoy una nueva tortuga, de alojar a la más grande de las barracudas, de mostrar un tesoro a un buzo, de ver la sonrisa de un niño.
De creer de nuevo en unicornios cuando llega el primer caballito de mar, de ver los ojos grandes como en el mar en el que ahora vivo, de aquel que respetuoso y temeroso llega a mi borda por primera vez, que viven ahora la aventura de verme de la mano de aquellos que recorren a diario mis pasillos.Y no me fui, y no me voy, por que aún me queda mucho por vivir…