Autana

El Autana es un tepuy (montañas muy antiguas) situado en el centro occidente de Venezuela, y la única manera de llegar allí es por río….
La experiencia empezó en semana santa hace creo ya tres años…. llegamos en avión hasta una población llamada Puerto Ayacucho muy cerca de la frontera con Colombia, cuatro amigas que decidieron sumar un destino mas a las aventuras de este hermoso país, y con mochila en mano cargada con mas ropa de la que íbamos a necesitar iniciamos nuestra aventura desde un puerto fluvial a una hora de la ciudad…..
Mucho era el calor y poca la posibilidad de encontrar una sombra mientras esperábamos que cargaran nuestra embarcación de provisiones, pero la vista colores que pintaban todas las lanchas en la orilla, estar en una playa de arena rojiza por el color de las algas, el calor ya no era tan importante, poder captar la vida de los colores del agua, y las lanchas haciendo un reflejo en movimiento eso era lo mas importante….
En momentos nos tocó abordar, daba inicio una nueva aventura, unos dias de compartir con la naturaleza, con una naturaleza nueva para nosotros, cargada de expectativas, de algunos temores a lo desconocido pero con el corazón saltando de alegría al saberse inmerso en el inicio de un nuevo romance, de enamorarse de un nuevo paisaje, de un nuevo destino….
Y así con el corazón saltando comenzamos a navegar y no tardamos en maravillarnos y agradecer la elección de nuestro viaje….
Podíamos ver el fondo en algunos trazos, bajo ese tono rojo del agua, que al mismo tiempo era tan cristalina como una piscina, a ambos lados del rio manglares, con marcas que reflejaban que estábamos en una época de sequía, que dejaba ver enormes rocas en el camino, que interesante, las mismas rocas que vieron mis ojos años atrás en nuestra aventura a Roraima, a cientos de kilómetros de distancia y en vez de sabana y montaña aparecían ahora en el río…. eran enormes…. y firmes, con suaves superficies redondeadas producto de las caricias del río, de años de tiernos contactos, que dejaron una huella, no, que aún dejan su huella, por que nadie los va a separar, porque la piedra le es fiel al río, y el río mueve sus aguas cada día jugueteando con la piedra, porque no saben ser dos, porque viven como uno….
Paramos a contemplar, a ver como dos hermanos ríos se encuentran pero no se juntan, por que no es el momento, pero llegaran los meses que nadaran juntos, que no sabrás quien es quien, que sus aguas aunque distintas se fundirán en un abrazo de hermano, y compartirán las historias de los meses separados, de las aventuras que vivieron, de las lanchas que los cruzaron, de las historias que nacieron en sus aguas, de los niños que aprendieron a nadar, o a pescar, de las historias de amor que nacieron en un encuentro en sus aguas, de los turistas que con sus cámaras inmortalizaron una vez mas sus curvas….
Habían piedras tan grandes en aquella pequeña isla de arena que ni la fuerza de un corazón inspirado como el mío podía causar mas que risas al tratar de moverlas…. no se atrevían a reír en alto, pero podía escucharlas, muchos se habían sumado a lo largo de sus vidas a ese penoso intento, pero ellas orgullosas permanecían inmóviles, tan solo esperando el día en que los ríos llegaran nuevamente a su encuentro…
Y allí seguimos, de vuelta a la lancha, de vuelta a navegar, y lo vimos, muy pequeño, muy lejos de nosotros, pero ya mostrando su belleza, lo vimos por primera vez y ya se sintió su poder, el respeto de los pemones hacia su grandeza y no hablo de tamaño, hablo de la imagen, de la proyección, de lo que te hace pensar al verlo….
Llegamos a nuestro primer destino, un pequeño campamento indígena que estaba siempre abierto a albergar a aquellos que con respeto vinieran a rendir admiración a la naturaleza, al río a la montaña… nos tocaba la primera noche en hamaca, nuestro primer baño en el río, dejando los temores atrás sobre la existencia de pirañas y tembladores, nadando cerquita de los que habitualmente surcan sus aguas, mostrando valentía aunque en el fondo el corazón galopaba a gran velocidad….
Pronto una cena cargada de productos de la zona, de yuca, de pescado de río, de hierbas, nada mejor luego de un largo día de nuevas experiencias, ya casi de noche, tras la entonación de una canción indígena, hasta que cayo la noche, sin luces mas que las linternas y las estrellas……. que cantidad tan grande de estrellas, recostados en un tronco el silencio nos invade cuando la vista se pierde en todo esos puntos brillantes….. y la mente se va, a recordar lo vivido ese día, a dar gracias por sentirnos tan vivos, por estar allí, por poder guardar estas experiencias en nuestros recuerdos…., y para terminar un día perfecto, las luciérnagas nos conducían hasta la choza donde nos esperaba una hamaca perfectamente protegida de todo aquellos que no son bienvenidos en los sueños, como los mosquitos…..
Y la noche llega cargada de experiencias, de sonidos, sonidos extraños a los que acostumbramos de la ciudad, sonidos que arrullan, que te hacen sentir viva, que eres parte de algo mas grande, que eres una mas en ese ambiente de naturaleza viva… Y así, interno en sensaciones nuevas, te vas a soñar….
La luz llega pronto, cargada de energía que te recuerda donde estas, que hay camino por recorrer, que esta aventura apenas empezó, y como un niño en la mañana de navidad saltas de la hamaca a recoger, casi se te olvida el desayuno, ya quieres salir, ya quieres navegar…
Pronto estamos nuevamente en el agua, y me protejo del sol con ropa, pero allí voy a la proa, a tener la primera vista, a sentir el viento en la cara, a recibir las pequeñas gotas que saltan cuando la lancha se abre camino en el río, y allí sentada te sientes a ratos pequeña, por que observas lo inmenso del río y a ratos grande, por que tu espíritu sube por encima de todo, por que sientes todo por primera vez, por que eres dueña de lo que percibes, de lo que recibes, grande en sensaciones…..
Y la navegación se hace suave, con la cámara voy tratando de captar lo que me hace sentir el paisaje, y el río simula una pista de carreras, con curvas fuertes que hacen bajar la velocidad, y es perfecto, así logro enfocar, y mi lente se parece a mis sentidos, pero no logro meter en la cámara lo que se siente en aquel lugar…. espera, la lancha se diriges a los manglares, vamos a acortar camino, y entramos en un túnel tupido, y las ramas están cerca, y el ambiente es fresco, tupido, muy verde, y las aves se sorprenden de vernos allí, pero no se asustan, están curiosas, aletean para mostrar su belleza, y de pronto que!!!! …. A lo lejos se acerca un tucán y viene hacia nosotros, y cruza la lancha muy cerca de nuestras cabezas, sin pararse a saludar, solo para que sepamos que está allí, que estamos en su tierra, que somos bienvenidos…
Y avanzando como en Venecia, para no hacer ruido, para no perturbar a los pequeños que habitan aquellos canales, cruzamos lento, y lo agradezco mi cámara capta el recorrido, se enamora de los verdes y como se unen al rojizo del agua, de los marrones de las raíces, tantos colores, pero se acaba, salimos y el motor vuelve a funcionar, y las gotas de agua se sienten nuevamente, y seguimos camino….
Pronto paramos en una playa, de arena blanca, hora del baño….. para hacer a un lado el calor, para compartir con las corrientes y con pequeños peces que se acercan curiosos a los blancos intrusos… y tomo mi mascara y con pensamiento de descubridor de adentro en el río, y me dejo llevar por una corriente suave y observo vida nueva para mi, es el agua, pero no lo reconozco, es arena pero nunca antes estuve allí, todo es tan familiar pero tan desconocido, el ambiente perfecto que alimenta mi curiosidad…. Algo interrumpe mi concentración, hora de regresar a comer… en la lancha ya el almuerzo nos espera…
Y en un ambiente de anécdotas e historias transcurre el almuerzo, y te das cuenta que has estado en 100 lugares, por que cada historia te transporta, y das gracias y sonríes, y quieres vivir algunas por ti mismo, así que crece tu lista…. y nuevamente sonríes…
Hora de continuar…. nuestro objetivo está mas cerca, ya en el camino la montaña ha crecido, se esconde y aparece con cada curva del río, parece jugar con nosotros, ya estamos mas cerca…. y pronto llegamos al campamento, justo antes que el río nos mostrara su poder, podíamos ver los rápidos enfrente nuestro, aún no era el momento de pasarlos, y bajamos de la lancha y al voltear allí estaba, a nuestra espalda, el Autana, grande, imponente, mostrando su mejor cara, no había forma de creer que esa sería la vista de nuestra choza, que su verde falda casi sería nuestra manta, me quedé allí sin palabras, contemplando, el río servía de espejo, donde nuestros reflejos se podían unir, donde podía imaginar que la tocaba, que nos hacíamos uno….
…. había que montar el campamento y esperar por la cena, cena que tenía que ser pescada, así que nos dirigimos a ver como los expertos se encargaban de nuestra alimentación…. con mucha maestría preparaban la carnada que surcaría los cielos hasta llegar al centro de los rápidos, con un vuelo elegante, con una perfección inigualable de tocar donde esperaban ansiosos los peces mas grandes, esperaban ansiosos por tener el honor de acompañarnos en aquella hermosa y tranquila noche estrellada, como los invitados especiales, donde una ceremonia que incluía la envoltura del pez en verdes hojas y asarlo en fuego de leña serían el broche de nuestro segundo día de travesía…..
La luna acariciando el Autana era la vista desde la hamaca…. el color plata del río calmo en el fondo y de sonido el murmullo de los rápidos a pocos metros de nuestro campamento….. el lugar perfecto para soñar, para volar lejos del cuerpo por toda la selva que nos rodeaba, y ser parte de la noche, y tocar la luna, y jugar por entre las estrellas, y recorrer el río como un ave, soñar y descansar….
Pronto nos sorprendió la mañana, este era el día, hoy llegaríamos cerca, hoy lo veríamos a su altura, subiríamos sobre su hermano, hasta lo mas alto, donde casi crees tocar las estrellas, y lo tendríamos frente a frente, levantándose sobre la sabana de verdes, arropado por el río al que dio su nombre, y te bañas con prisa, y recoges con prisa y apenas desayunas, por que ya quieres estar allí, y el día levanta, las nubes de la mañana aún duermen sobre la montaña, te esperan para saludar antes de dejarte ver el esplendor del Autana..
Una canoa de remos nos cruza hacia la otra orilla, a través de un pequeño canal, llegamos nuevamente a tierra, es el momento de caminar, la selva tupida no te deja ver el cielo, solo sabes que está allí porque la luz se escabulle entre las ramas, mucha humedad, mucho calor, pero no lo notas, caminas con cuidado para no mojar los zapatos, esquivas charcos, saltas raíces, te encuentras con exóticos animales que solo conocías por historias, pero que ahora son parte del paisaje, como las arañas negras, como enorme serpientes capaces de devorarse un venado, pero no hay temor, porque te sientes parte del ambiente, solo los cruzas sin molestar……
Y ya casi llegamos, hay cansancio en nuestros rostros, pero puede mas la emoción….. la última subida parece empinada, y te recuerda que lo mas difícil es lo que mas vale la pena y se olvida el cansancio, y tomas un respiro y sigues y cuando llegas a la cima, las nubes se han retirado, tienes la imagen perfecta del Autana que parece flotar sobre un manto verde, ya no hay palabras, y solo la vista llena el espacio de todos los sentidos, y te sientes en las nubes…. como describir en palabras lo inmenso de la visión, como puesta allí para ser observada, nada mas alto a su alrededor, saberte en tierras de las mas antiguas de la tierra, su cumbre mostrando la sabiduría de un anciano que a la vez ha sabido rodearse de una inmensa plataforma de juventud y vida de verdes selvas, de juguetones ríos, y todo desde allí se ve como si tuvieras la visión de un águila…. no quería marchar, aquel lugar era especial, sentada sobre una roca saliente te sientes en el vacío y todo es si fuera posible mas perfecto…..
Hora de bajar, de despedirse, de dar gracias por llevarse esta imagen que nos hará un poco mas sabios, un poco mas respetuosos de la naturaleza, un poco mas apasionados por la vida y por la aventura que representa descubrir…… la bajada va cargada de sonrisas, y las nubes, ya cansadas de apartarse para dejarnos una vista limpia del paisaje, regresan para hacer nuestro camino mas húmedo, y va descargando al principio con timidez y luego con energía su preciado componente, haciendo nuestro camino ahora mas interesante, esquivando las ramas tapadas ahora por el agua, tomado todos un mismo color marrón, haciendo risas de los cuidados tempranos de los zapatos que ahora quedaban sumergidos en cada paso…… Que mejor manera de terminar esta aventura que con la mayor fuente de vida resbalando por nuestros cuerpos…….